Hombre encuentra el amor de su vida de la forma más inesperada

En materia del amor, nunca está dicha la última palabra y siempre hay lugar para un giro.

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A veces, el futuro se escribe en tiempo presente. Sentimos que podemos tocarlo con la yema de los dedos. Que está ahí. Que no se va a escapar. Que no hay nada librado al azar. Si cerramos los ojos incluso podemos ver lo que vendrá con tersura. No sólo proyectamos el futuro con una persona, sino que nos imaginamos, por ejemplo, celebrando un aniversario rodeado de hijos -incluso, somos capaces de visualizar sus nombres, sus rostros-. Como una película en cámara rápida podemos verlo todo. Eso sentía Rodolfo hasta un mes antes de casarse.

Estaba comprometido con su novia de la adolescencia, tenían fecha de casamiento para marzo y se sentía afortunado por el futuro que le esperaba. Amaba a esa mujer con el corazón y la idea de formalizar lo maravillaba. Dar el sí, no solo implicaba compartir con ella el resto de su vida sino atarse a esa familia que tanto quería. Tenían el salón reservado, la lista de regalos y una casa amueblada que los esperaba después del altar.

Pero en materia de amor nunca está dicha la última palabra y siempre hay lugar para un giro. En la historia de Rodolfo, ese giro se llamó Stella.

Cambia, todo cambia

Rodolfo trabajaba como técnico en la sección Bacteriología del Hospital Gandulfo y le quedaban pocas materias para recibirse de bioquímico. Stella, estudiante de bioquímica cinco años menor, realizaba las prácticas de la carrera en el Hospital y concurría a su sección.

Desde el comienzo a Rodolfo le pareció atractiva, pero el flechazo tardó en llegar. En enero Stella se fue de vacaciones y para Rodolfo el tiempo se detuvo, como un reloj de arena en posición horizontal. Los días se hicieron eternos y solo quería volver a verla. ¿Cuándo se había enamorado de esta mujer? ¿Era la distancia el disparador de sus sentimientos o estaban adormecidos por los preparativos del casamiento?

El día que Stella volvió Rodolfo sintió una explosión en su interior. Era febrero y aunque faltaba solo un mes para dar el sí decidió encararla a la salida del hospital y ver si sus sentimientos eran correspondidos. Su respuesta fue clara: “Sí, pero si quieres que estemos juntos primero tienes que resolver tus cosas”.

Los días siguientes no fueron fáciles. Cargado de nostalgia, con un nudo en la garganta y entre lágrimas Rodolfo habló con su prometida y le explicó que no podía casarse en estas condiciones, que no era justo para nadie. Le contó lo que sentía por Stella desde hacía un tiempo y concluyó que sería una hipocresía seguir con ella en ese contexto.

A veces las cosas no salen como las planeamos. En un segundo, el futuro se evapora y pasa al plano de lo incierto. Pero para dejar de estar atado a esa relación, despejar el camino y poder apostar al nuevo amor a Rodolfo le faltaba un último paso, quizás el más difícil: enfrentar a toda la familia de su ex. “No era solamente romper con una persona, era romper con toda una familia. Los padres, el hermano y los sobrinos de mi antigua novia me adoraban y yo también los quería mucho”, cuenta.

Si bien Rodolfo sentía que los estaba traicionando, defraudando y que les causaba un gran dolor no estaba dispuesto a vivir en una mentira. En un ambiente de tragedia aceptaron su planteo.

La separación no fue sencilla y el dolor por los vínculos perdidos tardó en ceder. Además, como todo el entorno sabía del casamiento no hubo tiempo de procesar la separación antes de contarle a todo el mundo que la boda se suspendía, que la pareja había decidido separarse.

Finalmente, la relación con Stella se consolidó y luego de unos años de noviazgo el 13 de abril de 1989 se casaron. Hoy tienen dos hijas, Carolina de 22 años que estudia Doctorado en Biología y Lucia de 19 años que estudia Licenciatura en Relaciones Internacionales. Rodolfo admite que no todo es color de rosas pero que son felices y se aman como el primer día. Él ya sabe que nunca es tarde para enamorarse, incluso si te estás por casar con otra persona.

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